Existe una comunicación bidireccional entre el cerebro y el intestino, a través de diferentes vías:

– vía Nervio Vago y neuronas de los plexos nerviosos entéricos (de Meissner y de Auerbach)
– vías inmunológicas: a través de citoquinas y metabolitos producidos por la microbiota (como los LPS)
– Vías neuroendocrinas: a través de hormonas sintetizadas a nivel intestinal
– Metabolitos producidos por la microbiota: neurotransmisores, triptófanos, ácidos biliares y ácidos grasos de cadena corta (por ejemplo el butirato, a mayor producción de butirato más síntesis de serotonina)
Sabemos que hay bacterias productoras de neurotransmisores, por ejemplo:
– Triptófano: Bifidobacterias y Lactobacillus helveticus
– Serotonina: Lactobacillus lactis lactis, Lactobacillus plantarum, Streptococcus thermophilus, E. coli k12
– GABA: Bifidobacterium, Lactobacillus
– Dopamina: Bacillus, Lactobacillus, streptococcus
Desequilibrios en nuestra microbiota se relacionan con cambios en la conducta y el estado de ánimo, estrés, ansiedad, depresión, e incluso enfermedades como el Alzheimer o la esquizofrenia, y viceversa, alteraciones del estado de ánimo, conductas negativas, estrés crónico, etc. afectan negativamente a nuestra microbiota, reduciendo su diversidad y favoreciendo el crecimiento de patógenos.
Cuando tenemos hiperpermeabilidad e inflamación intestinal, es más que probable que exista una permeabilidad de la barrera hematoencefálica y una inflamación a nivel de sistema Nervioso Central, y la neuroinflamación és causa de depresión, ansiedad, neurodegeneración, etc.

Así, mejorando la permeabilidad e inflamación intestinal e interviniendo sobre la microbiota, podemos mejorar muchas alteraciones a nivel de sistema nervioso central.
Estudios demuestran que el uso de probióticos con cepas de Bifidobacterium longum, Lactobacillus helveticus y Lactobacillus plantarum producen remodelaciones en el cerebro, aumentando la materia gris en ciertas áreas y mejorando las conexiones neuronales, consiguiendo mejoras en el estrés y la depresión.